lunes, 8 de junio de 2009

de fondo, el cielo de ciudad gótica

de pronto
mientras caminaba
descubrí que estaba conmigo
lo que siempre había sido
y que últimamente extrañaba
esa capacidad de ver más allá de ver
de ver con ganas, con magia, que todo me diga algo y todo me maraville
caminaba sin ir a ningún sitio
dejándome me llevar
miraba las hojas estrellas-pájaros de otoño
alfombrando el suelo
simulando un cielo
estrellando las veredas
miraba las casas
pensando en la ciudad como un bloque que se eleva
y al que un organismo colectivo hiende y cala
creando calles, corredores, patios
una rama me detuvo
un árbol distinto al resto que crecía
debajo
una plantita de mi infancia
con muchas bolitas mínimas de colores
creo que la vereda se ensanchó y no lo noté
de antesala
me sorprendió una luna de cómic
amarilla, pálida
envuelta en una niebla verdosa sobre un cielo muy azul
siguiendo por la misma vereda esperaba ver una silueta conocida
al final de una tarde sin nombres ni catálogos
de nubes de pensamientos
de flotar
al final de la tarde un abrazo conocido
y en el abrazo
miré hacia arriba
y vi el cuadro del día
vi un árbol sin hojas, de ramas sinuosas y oscuras
que ocupaba casi toda la imagen
se entrelazaban y recortaban como una silueta, apenas, sobre un cielo muy azul
a la izquierda enmarcaba una cornisa blanca, de una casa alta
a la derecha, arriba, la terminación de un edificio, que se distinguía apenas
más tenue aún, arriba
unos cables cruzando la calle
y a la derecha
pelo
nublándome un poco la vista
la imagen duró un abrazo
y se perdió al primer paso que dí
ya olvidé la dirección y la hora
así que no va a volver

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