miércoles, 17 de junio de 2009

Portales

En el Hospital Italiano, donde autorizan las órdenes, hay altos ventanales, con vidrios de colores.
Estaba yo observando uno particularmente naranja y brillante.
Detrás de la hoja del vidrio habían puesto una media sombra, o un tejido metálico, que al oscilar con el viento y a través del sol tornaba en curiosos dibujos movedizos.
En el planetario les explican por qué si uno ve a la luz un plástico delgado observa pequeños destellos multicolores y formas ondulantes, tiene que ver con las tensiones a las que fue sometido el material. Bueno, los dibujos de este ventanal eran similares, debido al tejido que habían colocado detrás, pero en constante movimiento, parecía un proceso orgánico, como ver células en un microscopio, como si fuera una ventana a otra dimensión, o como cuando agarrás la vidita en el Arkanoid que te lleva al siguiente nivel, y un huequito se abre en el rincón de la pantalla, ondulante y efímero, y hay que meterse allí dentro.
De seguro de habérmelas ingeniado para alcanzar la ventana, y tocarla, mi dedo hubiese atravesado aquella superficie "gelatinosa" y trascendido a otra dimensión. Y si hubiese tenido el valor de zambullirme entera tal vez no estaría aquí y ahora.
Claro que alguna empleada se hubiese alarmado considerablemente y alguien en la sala me lo hubiese impedido, y yo misma hubiese coartado mis esfuerzos por puro criterio social... así que no sé qué tan lejos hubiese llegado.
Cuántos portales a otras dimensiones se nos ofrecen diariamente y son desdeñados o inadvertidos?
Aquél era particularmente grande, obvio, y elocuente y fue ignorado sin curiosear.
No quedan aventuras de Alicia por vivir si todos los portales se disfrazan de ventanas, huecos en el árbol, y charquitos luego de la lluvia, porque nadie se zambulliría con ganas y con plena fe.
Atentos a los portales cotidianos.
Acerquen cautelosos las manos.

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