Ayer..
la sonrisa tímida de la brisita veraniega.
Odiamos el verano cuando cae con todo su peso de siesta sobre nosotros, todo se pega, todo es denso, todo zumba, y nunca nos libramos del ronroneo de fondo de miles de aires acondicionados.
Pero cuando está fresco, y de pronto un día nos sorprende, imprevisto, gratis, inesperado, con la brisita veraniega, esa brisa suave, cargada de humedad, que antecede a las tormentas de verano, una sonrisa asoma enmascarada en fastidio.
Y por poco tiempo, la noche se ofrece joven e invita a disfrutarla, a pasarse las horas en la terraza tomando un vino y charlando, a sentarse en el balcón contemplando en silencio, o salir al patio, pisar el césped húmedo y quedarse anhelando grillos.
Ayer la noche nos sorprendió, las camperas nos pesaron, caminamos un poco más, y entreabrimos alguna ventana. Y esta mañana pálida, nos fastidia otra vez.
Sabemos que el aire cargado de humedad anuncia la lluvia, y luego el fresco, aún así uno espera disfrutar el viento cálido un poquito más. Pero la mañana gris de hoy llega para quedarse por un rato, y desbaratar nuestro plan de parque.
Aunque luego, agradecemos a ese cielo espeso y grisáceo, a ese tinte marrón diluido y a aquella nube de agua que se intuye a lo lejos, porque si la brisita durara no sería agradable, no sería gratis, ni inesperado, sería verano. No sería sorprendente , ni invitaría a un plan diferente, y nos aburriría.
Lo fugaz de esta sensación es lo mas encantador y esencial.
Lo mismo sucede en verano, cuando por un día se corta el calor con una bocanada de aire fresco, usamos un pilotín, zapatillas, tal vez nos resfriamos, y luego el sol de vuelta.
Estos momentos opuestos y efímeros, que nos recuerdan otra estación, y por contraste nos muestran la que transitamos, son las chispitas de chocolate del clima.
sábado, 20 de junio de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Que lindo :)
ResponderEliminar