amanece...
pero sólo puedo ver el río por un costadito, esforzándome
sin embargo los edificios vecinos, de cara al este,
silenciosamente reflejan la belleza de la mañana,
viejos, cansados y húmedos, por unos momentos tempranos,
se cubren de esa luminosidad rojiza y sana
como si se sonrojasen las mejillas.
Las paredes se suavizan, las superficies metálicas refulgen alegremente,
un picaporte, una membrana de aluminio, un tanque,
hasta las sombras siempre cansinas, a la mañana parecen renovadas
porque después de una noche de homogénea oscuridad
pueden empezar a dibujar la ciudad y trepar los muros nuevamente.
Y todo lo que aquellos rayos de sol tocan
tiene un brillo especial,
se cuela por mi cocina
donde duermen varios objetos harto cotidianos
un vaso olvidado, la pava sobre la hornalla,
y por algunos momentos, dejan de darse por sentados
y tienen una nostalgia lejana, como de cuadro costumbrista, un dejo de colonia.
Pero entonces la luz se vuelve blanquecina,
y el sol sube rápidamente,
y todo vuelve a ser lo que es todo los días
sin esos segundos de verdad.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario